Buscar por categoria

domingo, 25 de abril de 2010

Maia - Infinita tristeza



Ya comenzaba a salir el sol cuando su vida parecía acabar como tantas otras, hundida en una depresión que no hacia mas que cerrar sus ojos y regalarla a cualquier destino, casi no quedaban rastros de su brillo y nadie pensaba en un futuro tan prometedor. Maia, tan solitaria ella, iba por el mundo juntando cuanta lagrima se le derramara, como para no mostrar así debilidad alguna; es que nadie hubiera creído en la ingenuidad de su tristeza, ya que se trataba de la mas fuerte de las almas, del mas valiente de los corazones y como si fuera poco tales cualidades, la mas hermosa mujer. Comenzó un camino que no seria corto, que duraría lo suficiente como para demostrarse a si misma cuan fácil puede ser elegir el mejor destino cuando se tiene convicción de ser una mujer capas de arriesgarlo todo por amor, aun cuando a cambio solo se recibe indiferencia y desprecio. Abandonada por el amor de su vida, su hija, y con el deseo de volver a verla, Maia ha logrado convencerse de la posibilidad de volver realidad su sueño, de regalarse una oportunidad y de buscar un lugar seguro en el mundo para guardar allí a sus seres mas queridos, como si de eso dependiera su felicidad, así partió sin rumbo fijo.
Ya ha viajado por todas partes, se ha alimentado de cuanta mentira escucho, cruzo ríos y montañas, lloro su propia sangre y seco sus heridas con la brisa mas pura en cada noche, mientras la luna, ilusionada también, la contemplaba horas y horas creando un clima propicio para el sueño. Con los primeros rayos de sol salió corriendo a buscar su tesoro una vez mas, pero solo encontrando la mas austera soledad, que para entonces era una insaciable compañera.
Ahora si los días parecían terminar y su camino tan caprichoso e imponente como el mar, también. Llego a un lugar, rodeada de campos, donde cayo de rodillas y ya sin fuerzas para continuar, casi al borde de la locura comenzó a implorar el nombre de su hija, mordió el pasto, de pie comenzó a bailar descalza, y grito al cielo reiteradas veces “Voy a sangrar por donde vos me toques, y seré canción en tu cielo con la magia de mi Luna”, hasta caer desplomada al suelo; aun así no todo parecía ser desesperanza, entre dormida e inconsciente logro escuchar que alguien se acercaba, pero no podía moverse si quiera para ver de quien se trataba, simplemente se relajo esperando que fuera ayuda. Ahora si, y para su sorpresa, esa voz estaba encima, pero algo no lograba entender, esa voz era demasiado suave, tal es así, que no sintió miedo alguno y creyó que ya era hora de bajar los brazos para regalarse a lo que le tuviera el destino preparado para ella, pero ansiaba que fuera el cielo, y que fuera tal cual lo había soñado siempre, lleno de luz, de gente que mira todo y a todos con una sonrisa pero que no habla, donde se aprende de los gestos y las acciones, pero sobre todo donde pudiera reencontrarse con toda su familia.
Parece que ya era la hora de verla reflexionar y entender que nadie le había robado nada, al menos ningún enemigo, ó si, dependiendo de su postura con respecto al destino, al fin y al cabo quien no quisiera tener al menos la mitad de toda su fuerza y su convicción para salir a matar ó morir por un ideal.
Mientras emprendía su viaje al paraíso, ese que todo ángel cree merecer, Maia pudo recordarlo todo, con tanto detalle y realismo que le provocaba vértigo esa caída tan de prisa, y chocar así con toda esa verdad que deslumbraba y desafiaba toda su convicción.
Recordó aquellos días antes de su viaje, tan caprichoso como heroico, había tenido un accidente que la dejó inconsciente por varios días y solo recordaba haber preguntado por ellos minutos antes al sueño profundo, donde estaban su marido y su hija, pero claro, ahora en su memoria, que lucia un realismo virtuoso y ensordecedor, empezaron a salir destellos y recuerdos de su embarazo, y todo para caer en cuenta de que aquello que abrazaba luego del accidente, era su vientre.
El viaje parece ahora detenerse, el aire se corta, hay silencio, mucho silencio, una paz realmente intensa, no hay mas que relajarse.
Comienza a despertar y poco a poco recobra sus sentidos, los mismos con que se daría cuenta un rato después que se encontraba, una vez más, en una sala fresca, envuelta en sabanas blancas y rodeada de cables y demás elementos extraños, pero a diferencia de otras veces, ésta, se sentía relajada, confundida, pero con la sensación de tenerlo ya todo más claro y asumido.
Todo era comprensible, venia de librar una lucha contra el mismísimo destino y su cómplice mas ausente, la suerte; nadie sale vivo de tal cosa, porque ambos son en si los creadores de nosotros mismos, saben jugar y hacernos enojar una y otra vez hasta que entendimos que ahora los podemos comprender, que aceptamos las reglas y que entendimos también que la suerte de otros no tiene porque ser la nuestra y vise versa. En fin, todo llega, aun si no lo estábamos esperando, y en el mientras tanto, es justamente donde no se debe perder el rumbo y donde está el desafío de dejar ir al que ya se fue, pero recibir aún mejor al que vendrá.
Un gran ejemplo fue ésta mujer, y tal es así, que cinco años después la podemos encontrar criando a sus dos hijas junto a su marido y viviendo en un hermoso campo bien alejada de la ciudad, de las malas costumbres.
Sin embargo, dice ella que lo que más la llena de orgullo, es que sus pequeñas con apenas cuatro y cinco años respectivamente, dicen soñar con vivir viajando cuando grandes….Quién sino Maia para transmitir esa experiencia, como así también la empatía de tener que partir algún día, sin aviso y de manera tristemente comprensible.

GLR
22/04/2010
9:08 AM
"San Jose de Flores"