Buscar por categoria

lunes, 29 de octubre de 2012

De eso no se trata/It is not about that




...Y ya te dije que no se trata sólo de ser visto, sino de ser descubierto. Yo te descubrí y en tus esfuerzos por solo haberme visto se van endiosando tus dudas, que más que dudas son certezas y que al verse ignoradas todavía menos tienden a desaparecer...

...And I told you that it is not just a question of being seen, but being discovered, I discovered you and in your efforts to think that you have just looked at me you just godlike your doubts, that more than doubts are certainties and being ignored yet less tend to disappear...



jueves, 4 de octubre de 2012

Quédate cerca y no me mires - Stay close and do not look at me




Yo no sé si es que está gritando en silencio, o tan solo intenta ignorarme. El caso es que me ahuyenta y me hace recular. Estoy seguro que esos gemidos, del otro lado de la pared, eran llantos debajo de la almohada, lamentos sin cura o simplemente malos sueños. Al otro día, cuando me levanté, ya se había ido, no estaba más en casa; y no la extraño.


I do not know if she is crying silently, or just trying to ignore me. The fact is that scares me and makes me recoil. I am sure those groans, the other side of the wall, were weeping under the pillow, laments without cure or just bad dreams. The next day, when I got up, she was gone, was not at home; and I do not miss her.


domingo, 30 de septiembre de 2012

¡Mis serias dudas!




Preciso mantener en silencio mis dudas, no vaya a ser cosa que un viento fuerte las sacuda y terminen por convertirse en miedos, para que después cuando grandes e imponentes me empujen al fracaso.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Bocanas y suspiros





Mi fe y la suerte en el amor, duran lo mismo que un suspiro, pero lo hacen con absoluta convicción. Son tibias bocanadas de aire sin aliento que regurgitan temores y condicionan mi ser; a lo mejor esto sí que me preocupa, aunque debo admitir que me atormenta.


domingo, 5 de agosto de 2012

El que calla otorga





En este asalto que nos tiene de rehenes y que hemos dado en llamar vida, el silencio es tan cómplice de las palabras, que de fugarse lo harían juntas, y entenderíamos porqué en el silencio se deben escuchar algunas palabras y a ciertas otras deberíamos simplemente enmudecerlas.

lunes, 14 de mayo de 2012

Ciegos y Sordos



Juré que valía la pena, rogué que me diera un beso, le pedí que me dejara, le supliqué que me quisiera de nuevo, la olvidé hasta perder lo poco de cordura que me quedaba. Pero de repente un día tuve que darme por enterado que yo era como un ciego, que ella quizá era sorda, y todo esto una histeria, que sólo valía en mis sueños…

Solo veo con el Corazón




No me escapo de mí, ni me deshago de vos, sino que el viento cuando sopla tan fuerte, a veces no me deja ver, no me deja distinguir…No sé a veces quién se asoma por ahí, busco entre la arena ese rostro, esa pista que me deje comprender dónde estás, dónde estoy…Quizá estemos ahí todavía juntos, quizá ya no, pero yo no veo, solo siento. Siento un calor que es muy intenso y me ayuda a desentrañar este dolor, porque me advierte que no estoy sólo, que vas a aparecer, que el viento solo vino para limpiar nuestras almas y como todo, a nosotros también el viento nos va a juntar, frente a frente, cara a cara, corazón a corazón…Habrá entonces que sacar toda la verdad afuera, desempolvar viejos deseos y sellar todo esto como dios manda…con abrazos, besos y mimos hasta que la luna se vuelva llena, toda completa y abundante de placer, casi tanto como nosotros dos.

viernes, 13 de abril de 2012

En busca de la Misericordia





Dos hombres se encuentran en un bar de Flores, no precisamente porque hayan ido al encuentro, sino que sentados en distintas mesas, se encuentran enfrentados, podríamos decir que cara a cara. Quien llegó primero es Tito, que luce sonriente y parece muy amigo de todos aquí dentro, un habitué diríamos, él es joven y muy seguro, de esos hombres de palabra y unas fuertes convicciones, aun así, tiene un gran defecto, su debilidad por las mujeres, siendo éstas no sólo su madre y sus hermanas. A juzgar por su cara, hoy debe haber logrado una nueva conquista, además de su esposa claro, de quien sólo sabemos que es ama de casa. Enfrentado tiene al otro hombre, de quien no tenemos realmente mucha información pero al intentar describirlo podemos decir que se trata de un hombre grandote, ojos azules, de unos cincuenta años, lleva barba tipo candado, unas canas medio disfrazadas y esta un poco pasado de peso, y sí, eso se nota en lo que acaba de ordenar para desayunar, nadie se resiste a las delicias de éste lugar, de la confitería San José hablamos. Cada tanto sus miradas se cruzan, pero con indiferencia, es que al parecer no se conocen, cabe destacar que Tito lo anda mirando con cierta repulsión, el hombre es bastante ordenado y mañoso, amanerado quizá también, así y todo cada vez que ajusticia una media luna no puede evitar el enchastre: Dios, murmura Tito mientras esquiva la mirada hacia la plaza de Flores como evitando la escena.

Entre mensajes de texto y risas cómplices, mientras coquetea con los mozos, a Tito le suena el teléfono, entonces atiende sonriente. Casi al mismo tiempo suena el celular del otro hombre y con una pequeña mueca de placer atiende y murmura: Hola mi amor, se hace un silencio y Tito escucha que el hombre dice: “Como te extraño Ale, no te das una idea, ¿Ya estas sola?, ¿Puedo ir?”. A Tito le corrió un frío por la espalda, enfrente tenía otro cómplice de la maldad y que además de, al parecer, estar haciendo mal uso de la palabra Amor, pronunció el diminutivo que el usa para su mujer, “Ale”. Tito volvió a su conversación y cerró su fugitivo encuentro, sería en la plaza de la Misericordia. El otro hombre unos segundos mas tarde en tono firme dijo también: “Cuando yo asome por Pedernera viniendo desde Santander, en dirección a la calle Avelino Díaz, quiero verte ahí, en la puerta luciendo el vestido rojo que te regalé”. Imposible coincidencia, así cayó Tito desplomado en la silla. Recordó enseguida que esa mañana Ale lucía un hermoso vestido rojo, algo que nunca sucedía, la excusa fue que lo amaba y quiso sorprenderlo hasta con el desayuno en la cama, como el diablo te daría un beso para dejarte morir envenenado más tarde. 
Salió el hombre del Bar, salió Tito detrás, quiso frenarlo éste último pero entendió que sería como pisarse la sábana entre fantasmas. Por una vereda va Tito, por la otra va su cómplice, por así decirlo, ambos son asesinos que van a matar de Amor. Tito es un vencedor vencido y un despiadado que pronto querrá pedir piedad, el otro, a juzgar por su soledad, sólo pecará de justiciero haciendo sentir un poco más mujer a la que nunca Tito supo admirar.

Al llegar a la plaza, Tito se quedó solo, al parecer su nueva conquista no quiso sufrir por alguien que la había puesto en un segundo lugar. Por supuesto que volver a su casa lo seducía, pero ver a su princesa en manos de un verdadero príncipe lo dejaba sin aliento, así es que sentado allí y en soledad, lloró como nunca antes. Volvió otra vez a la plaza Flores, esta vez entró en la iglesia, sería para jurarse a si mismo, y ante dios, que nunca más engañaría a nadie, menos al amor de su vida, si es que al finalizar su castigo, el que paga con soledad, éste se hiciera presente algún día. 


Tito sabe que serán ahora, y definitivamente, más cientos que miles las angustias que quepan en su millar de desilusiones, por así decirlo y para ser matemáticamente correctos.


jueves, 12 de abril de 2012

Viaje a Luberio, Principado de Asturias


Dicen que la distancia es prima hermana del tiempo…
El paisaje no parece reparar en gastos hoy, va a toda prisa dibujando formas que endulcen mis ojos, utilizando la más alta gama de colores, luciendo sus campos que parecen alfombrados con los mejores tapices otorgando un estilo por momentos sobrio, pero en otros casi incaico, como hecho de vicuña o alpaca; delicias antiguas que aportan una apariencia rústica, fina y volviendo muy sofisticada la geografía.
A miles de kilómetros de tu tierra, sentirte parte del entorno y disfrutar cada segundo es un desafío que asusta de tan imponderable, pero este no era el caso. Las montañas se van cerrando y marcan el camino hacia un destino que ya promete más de lo que ilusiona. Si me hubieran dicho hace algunos meses atrás que viajaría al principado de Asturias, hubiera reído tanto que no tendría consuelo, pero ahora casi sin quererlo voy camino al paraíso; uno de los tantos que tiene la madre patria. Puntualmente el sitio al que me dirijo se llama Luberio, no se nada de él, pero él tampoco de mí y tendremos que conocernos al simple tacto. Estoy seguro que no voy a tardar en percibir los rincones más preciosos, el río más dulce, la montaña más alta; a pura hierba, y unas vistas panorámicas de esas que solo los pájaros guardan en sus retinas y nunca las comparten.
La ruta se hace más estrecha y al borde de los acantilados nos vamos abriendo paso y subiendo. Las poblaciones se van sucediendo unas a otras y los lugareños que miran con esa extraña sensación de que nunca te han visto pasar por aquí, y lo más curioso es que solo les vale mirarte el rostro un instante, no hace falta ver el coche ni su matricula, son esas destrezas propias de la gente que es gente, que sabe bastante del arte de vivir y que presta atención a los pequeños detalles de las personas, como son su fisonomía y sus gestos.
Mientras el Sol va cayendo a nuestros pies, por así decirlo, la Luna hace lo suyo asomando por otro costado y dándonos la bienvenida; ambos son fieles compañeros de esta naturaleza que sincronizados a la perfección hacen su trabajo a diario, uno da calor sin quemar a nadie y alumbra todos los rincones dando vida y esperanza, el otro resplandece más sobrio con una sombría luz plateada que además de romántica aporta seducción y abre el juego para los dueños de la noche, esos que siendo animales y no tanto, se van corriendo la voz y se congregan camino a las peñas. Algunos irán al corazón del monte en busca de su presa, otros en cambio irán a La Fonte Cheras en busca de diversión, a dejarlo todo.
Así las cosas ya estamos casi en Luberio, siguiendo el desvío, subiendo la carretera que invita llegar a toda prisa, mientras se deja sentir el calor de la peña. Ni bien llegar me sorprende una enorme puesta en escena que parece suspendida en medio de la montaña. La panorámica desde aquí es inevitablemente sofisticada, pueblos que parecen perdidos y solitarios pero que se roban todas la miradas porque no resignan ni un poco de su belleza, como poniéndose a tono con el paisaje. Luberio huele muy fresco, a hierba y animales sueltos, a dulzura que proviene de los arboles y plantas que abundan, como así también de su gente. A mis pies hay un peral que lleva demsiados años en esta cuesta dejando caer de tanto en tanto alguna fruta madura, es testigo de todo lo que aquí nace y de todo lo que muere. Me llaman la atención sus frutos porque aunque maduros, caen al suelo con mucha entereza, casi sin lastimarse y manteniendo siempre su estética tan esbelta.
Los abrazos y los besos no se hicieron esperar. La mesa esta servida y la carne que abunda nos espera acompañada de un rico vino casero. Vamos rodeando las mesas, nos apretamos unos con otros y a pura sonrisa y encanto arranca el banquete. Habrá que llenarse bien e hidratarse, pues nos espera una noche larga de música y baile, y como si no fuera suficiente, se repite al día siguiente. Dicen que lo bueno dura poco, pero aquí sucede muy curiosamente que el reloj se detiene y se crea una atmósfera que envuelve y hace eternas las sonrisas, los más ancianos pierden la noción del tiempo y confundidos entre el día y la noche se pierden entre la música sin preocupación, entendiendo tal vez que la fortuna de estar alegre y aplaudiendo no es cosa de todo el rato, sino más bien una cosa que solo puede durar un rato y en este caso, donde no hay tiempo que se perciba, mejor es disfrutar porque dormir y envejecer será para otra vida, no ésta, ni tampoco ahora.
La noche se va apagando y se va encendiendo el día, temprano en la mañana la gente se toma un descanso para recobrar fuerzas y volver por la tarde. Se van marchando a toda risa, todavía con alguna copa en la mano, la pista se vacía poco a poco pero no se pierde el ambiente festivo, solo se hace una pausa, porque todo volverá a empezar en breve.

Ya es Sábado y la fiesta se repite, hay que volver a darlo todo, con apenas un descanso, unas pocas horas de sueño liviano, todos vuelven a reunirse con la carcajada todavía dibujada, como impresa e indeleble. Repitiendo el camino que conduce al pueblo y habiendo llegado arriba, nos cruzamos con algunas figuras especiales de Luberio, como Esperanza, me llaman la atención sus manos que lucen curtidas de trabajar la tierra, y de atender los quehaceres del hogar cuando no había lujo ni comodidad. Toda la energía de un pueblo que se resiste a pasar desapercibido esta en la imponencia de su nombre; la esperanza nunca envidia la suerte, ni acude a la vergüenza, siempre enaltece el alma, dando brillo a todo aquel que la posee, porque es el mismísimo motor que nos eleva, el verdadero ser que nos gobierna y nos da vida.
El escenario es el mismo, la gente se duplica y se renueva, nos va tapando la noche una vez más, perdidos entre el ruido danzamos como locos. Mi corazón no sabe cómo, ni quiere saber cuando, pero aprendió a gritar de miedo cuando me ve volar tan alto, y yo que me dejo llevar y no reparo en la prisa que lleva mi locura, siempre sana y copiosa.
De a poco nos va tomando la madrugada de las manos, dejando caer algunos rayos de sol que entibian un poco la mirada y finalmente todos caemos en cuenta de que ha llegado el domingo, una vez más habrá que emprender la retirada, ya sin fuerzas pero alegres. Vamos dejando la pista, rendidos, camino a casa para un merecido descanso. Volveremos más tarde pero será solo para despedirnos, habrá que decir adiós a los que se quedan en Luberio para siempre y ellos cordialmente nos darán la bienvenida a los que partimos pensando en volver cuanto antes.
El Domingo por la tarde nos ha sorprendido otro banquete, antes de partir, hemos recorrido también unos hermoso poblados de montaña, en plena tierra de lobos y osos. Nos fuimos adentrando en las alturas para llevarnos cada postal en el recuerdo, beber agua de sus montañas, respirar aire puro, ese que los de la ciudad al respirarlo casi nos ahoga porque no lo sabemos apreciarlo. De regreso a Luberio nos toca la partida, ansiando volver y repetir.

Estoy parado al borde de un barranco y un guardarraíl me hace de apoyo, de frente toda la vista de los pueblos aledaños y las montañas, siempre quietas e imponentes. Mi mirada este perdida en el horizonte pero de repente reparo en que a mi pies esta el peral y vuelvo a observar detenidamente sus ramas y sus frutos, me giro para ver hacia atrás sobre mi hombro izquierdo, hay varios ancianos del pueblo que aguardan para despedirnos y se me viene a la mente una semejanza, que además de disparatada resulta convincente. Los ancianos aquí viven muchos años, quizá una media de noventa, su piel nunca se degrada y luce siempre entera, sus rostros no envejecen y lo más importante, sus almas son incorruptibles, siempre sanas y limpias, los acompañan hasta el ultimo de sus días, como queriendo sembrar el ejemplo de toda una vida entera dedicada al trabajo. Éste peral tiene frutos que aún maduros no caen, y al hacerlo se los ve enteros, su piel apenas parece haber madurado, no se rompen al caer y si uno las mira por dentro están íntegras; son por demás dulces y una vez en el suelo son el alimento de los más débiles, como convidando un poco de su sabiduría. A lo mejor, si prestáramos atención nacería una nueva leyenda en Luberio. Diría algo así como que por cada pera madura y entera que toca el suelo, hay en algún rincón del pueblo un alma que debe partir o que ya lo hizo, en paz, y luego de haber convidado de su sabiduría a todo aquel que la supo tomar.
Se me ocurre que hay que ser un poco más sabio y vivir disfrutando de cada día, aprendiendo a sobrevivir de mil maneras y sin prisa, teniendo siempre un fin que vaya dibujando una leyenda personal. No quisiera tener un alma vacía de esas que deben partir antes de tiempo porque se van quién sabe dónde ni para qué, quizá hacia arriba o tal vez hacia abajo pero siempre lejos. En cambio las otras se quedan casi terrenales, cuando vence su visa que les permite estar en tierra casi un siglo, y sirven al recuerdo como así también al ejemplo de todos los días.

Concluyo entonces, casi para mis adentros, que si la distancia es prima hermana del tiempo, y las almas parten antes o después según a donde deban ir; trataré de darle un sentido práctico a mi existir, para que aún luego de mi sueño eterno, quede viva una impronta, haciendo resonar mi carcajada y dejando mi sonrisa grabada en la retina de todo aquel que supo descubrir cada rincón de mi ser.


miércoles, 21 de marzo de 2012

Toma mi mano




No sé si es el principio de un final anunciado o un final que anuncia un nuevo comienzo, por lo pronto sonrío y extiendo mi mano, alguien me dará lo que no tengo y otro tomará lo que a mí me sobra; al estar del otro lado ya no seré yo, o mejor dicho seré lo que ahora guardo y ya no seré lo que a ti te dí...



El pasado



Algunos me dicen que yo no sé enterrar el pasado, pero lo que no se dan cuenta, es que el pasado, generalmente, me deja sepultado a mí cuando aún es presente, y allí convivimos él y yo, casi sin quererlo, durante un largo tiempo.

martes, 21 de febrero de 2012

Emociones a la carta



Acabo de cortar el teléfono, estoy enojado, también triste. Es al final como dicen "El que mucho se ausenta, pronto deja de hacer falta". Te lo podes esperar de algunos conocidos, algún que otro amigo, pero nunca de tu propio hijo, duele, lastima, pero a caso no era parte de lo que se suponía que podía suceder?. 
Con la contractura en la yugular y en un acto de desesperación, me puse los auriculares y salí, aunque iba camino al bar a ver un poco de blues en vivo, necesitaba música fuerte mientras caminaba; y respirar un poco de aire renovado. Ni bien entro al lugar encaro la barra, como si no hubiera mas gente alrededor o ignorándolos por completo, busqué hueco y traté de llamar la atención de la chica que atendía, de repente me vino una brisa fresca, era ese perfume, el más maldito de los aromas, el que me vuelve loco porque encierra mucha pasión y tantos recuerdos lindos. Pobre la mujer que lo llevaba puesto, le dejé mi mirada clavada en la nuca, hasta debía de dolerle. Es que podía describirle todo en ese olor dulce, hasta su mismísima Fé.


El ambiente, la música y el perfume, ¿ cómo no sentirme así ?, me pregunté. Seguí cuestionándome y con un tono casi desesperante me dije: ¿ porqué no estas acá ?, como queriendo todavía insistir en la búsqueda vacía que alguna vez me había visto envuelto como un auténtico hijo del rigor, anclándome en el pasado, sin encontrarme en el presente y queriendo aun así construir un futuro. Así las cosas, logré pedir mi cerveza y me acomode en algún rincón a esperar que arranque el show, para mi suerte estaba ubicado en una especie de pasillo y cada correntada que dejaba la gente que pasaba traía tras de si esa fragancia nuevamente, era como si todo el lugar hubiera acordado esta noche llevar el mismo perfume. Vaya fortuna la mía, que recordar cosas lindas es muy sano pero lamentarse una y otra vez de no tenerlas es cuando menos un martirio. 

La rabia no se me pasa, no consigo enfocarme en el hermoso jazz que ahora suena, mi cabeza se empecina en querer estar allá, de donde salí espantado, es como querer revancha o simplemente volver al campo de batalla y no repetir la retirada. Quizá sea sabio asumir nuestras propias limitaciones, nuestras derrotas y ofrecernos a la rendición bajo las mejores condiciones posibles, eso hice en mi pasado pero como ser humano siento aún el trago amargo, la espina en el talón que molesta al caminar o la piedra en el zapato como se suele decir comúnmente. Cuando uno no puede vivir plenamente el hoy sin antes predisponer un poco el mañana, las cosas se ponen un poco espesas. Esto de andar a solas por la vida tratando de forjar una conciencia y un conocimiento de mi mismo es comparable al uso de la energía nuclear, todos la utilizamos y hace nuestros días mas amenos y las noches mas brillantes, pero claro, sabemos en el fondo que un día debe terminarse porque hoy nos da y así también mañana nos lo quita todo, la vida misma.


Replanteos, añoranzas, vicisitudes, escarmientos, memorias acomodadas a la carta hacen que el tiempo pase muy irregular. Por un lado me espera un mundo lleno de sensaciones por descubrir, personas nuevas, costumbres raras y muchas amistades efímeras para tomar de ellas lo mejor en el menor tiempo posible. Pero del otro lado una bola de emociones fuertes que no te suelta y que hace de motor y ancla a la vez. Me juro y me propongo no caer con la fuerza del propio peso de las emociones viejas, la costumbre de no disfrutar de lo que me rodea pero sí querer ese rodeo que ha llegado a aburrirme y enfermarme, tan solo porque no me quiero ver a solas conmigo mismo y lejos de todo lo que me hizo mal; pero mis juramentos por estos días no son de fiar.
Sin llegar a ninguna conclusión, habiendo terminado la cerveza y con la banda aún tocando en el escenario, me empiezo a sentir un poco extraño, apabullado y con ganas de salir de ahí cuando antes, pues así lo hice y volví a colocarme mis auriculares con la música fuerte. De camino a casa me cruzaba con toda la gente que recién arrancaba la noche, como debía ser, pero en cambio mi elegancia y yo nos íbamos resignados para entregarnos, ella por un lado para irse al armario de donde nunca debió haber salido hoy y dejando su lugar al pijama, yo para volver a la oscuridad y las sabanas que son por hoy lo más parecido a un sueño que puedo experimentar.    


Ya me queda poco, estoy cerca de casa cuando suena justo una canción que decía algo así como: "No presiento más, no tengo energía. ¿ Cómo llegué hasta acá ?". Le resté importancia, al fin y al cabo no era más que una triste melodía. Eché llave a la puerta, dando dos vueltas, apagué la luz y también mi conciencia, aunque me siguió hablando un rato más, pero logré dejarle fuera de mis dulces sueños.


04/06/2011 - Madrid - España