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martes, 21 de febrero de 2012

Emociones a la carta



Acabo de cortar el teléfono, estoy enojado, también triste. Es al final como dicen "El que mucho se ausenta, pronto deja de hacer falta". Te lo podes esperar de algunos conocidos, algún que otro amigo, pero nunca de tu propio hijo, duele, lastima, pero a caso no era parte de lo que se suponía que podía suceder?. 
Con la contractura en la yugular y en un acto de desesperación, me puse los auriculares y salí, aunque iba camino al bar a ver un poco de blues en vivo, necesitaba música fuerte mientras caminaba; y respirar un poco de aire renovado. Ni bien entro al lugar encaro la barra, como si no hubiera mas gente alrededor o ignorándolos por completo, busqué hueco y traté de llamar la atención de la chica que atendía, de repente me vino una brisa fresca, era ese perfume, el más maldito de los aromas, el que me vuelve loco porque encierra mucha pasión y tantos recuerdos lindos. Pobre la mujer que lo llevaba puesto, le dejé mi mirada clavada en la nuca, hasta debía de dolerle. Es que podía describirle todo en ese olor dulce, hasta su mismísima Fé.


El ambiente, la música y el perfume, ¿ cómo no sentirme así ?, me pregunté. Seguí cuestionándome y con un tono casi desesperante me dije: ¿ porqué no estas acá ?, como queriendo todavía insistir en la búsqueda vacía que alguna vez me había visto envuelto como un auténtico hijo del rigor, anclándome en el pasado, sin encontrarme en el presente y queriendo aun así construir un futuro. Así las cosas, logré pedir mi cerveza y me acomode en algún rincón a esperar que arranque el show, para mi suerte estaba ubicado en una especie de pasillo y cada correntada que dejaba la gente que pasaba traía tras de si esa fragancia nuevamente, era como si todo el lugar hubiera acordado esta noche llevar el mismo perfume. Vaya fortuna la mía, que recordar cosas lindas es muy sano pero lamentarse una y otra vez de no tenerlas es cuando menos un martirio. 

La rabia no se me pasa, no consigo enfocarme en el hermoso jazz que ahora suena, mi cabeza se empecina en querer estar allá, de donde salí espantado, es como querer revancha o simplemente volver al campo de batalla y no repetir la retirada. Quizá sea sabio asumir nuestras propias limitaciones, nuestras derrotas y ofrecernos a la rendición bajo las mejores condiciones posibles, eso hice en mi pasado pero como ser humano siento aún el trago amargo, la espina en el talón que molesta al caminar o la piedra en el zapato como se suele decir comúnmente. Cuando uno no puede vivir plenamente el hoy sin antes predisponer un poco el mañana, las cosas se ponen un poco espesas. Esto de andar a solas por la vida tratando de forjar una conciencia y un conocimiento de mi mismo es comparable al uso de la energía nuclear, todos la utilizamos y hace nuestros días mas amenos y las noches mas brillantes, pero claro, sabemos en el fondo que un día debe terminarse porque hoy nos da y así también mañana nos lo quita todo, la vida misma.


Replanteos, añoranzas, vicisitudes, escarmientos, memorias acomodadas a la carta hacen que el tiempo pase muy irregular. Por un lado me espera un mundo lleno de sensaciones por descubrir, personas nuevas, costumbres raras y muchas amistades efímeras para tomar de ellas lo mejor en el menor tiempo posible. Pero del otro lado una bola de emociones fuertes que no te suelta y que hace de motor y ancla a la vez. Me juro y me propongo no caer con la fuerza del propio peso de las emociones viejas, la costumbre de no disfrutar de lo que me rodea pero sí querer ese rodeo que ha llegado a aburrirme y enfermarme, tan solo porque no me quiero ver a solas conmigo mismo y lejos de todo lo que me hizo mal; pero mis juramentos por estos días no son de fiar.
Sin llegar a ninguna conclusión, habiendo terminado la cerveza y con la banda aún tocando en el escenario, me empiezo a sentir un poco extraño, apabullado y con ganas de salir de ahí cuando antes, pues así lo hice y volví a colocarme mis auriculares con la música fuerte. De camino a casa me cruzaba con toda la gente que recién arrancaba la noche, como debía ser, pero en cambio mi elegancia y yo nos íbamos resignados para entregarnos, ella por un lado para irse al armario de donde nunca debió haber salido hoy y dejando su lugar al pijama, yo para volver a la oscuridad y las sabanas que son por hoy lo más parecido a un sueño que puedo experimentar.    


Ya me queda poco, estoy cerca de casa cuando suena justo una canción que decía algo así como: "No presiento más, no tengo energía. ¿ Cómo llegué hasta acá ?". Le resté importancia, al fin y al cabo no era más que una triste melodía. Eché llave a la puerta, dando dos vueltas, apagué la luz y también mi conciencia, aunque me siguió hablando un rato más, pero logré dejarle fuera de mis dulces sueños.


04/06/2011 - Madrid - España