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viernes, 10 de junio de 2016

El sudor en los labios

El sol entra por la ventana y le entibia las piernas. Gabriel parece no tener reflejos, ni vida, ni motivaciones para siquiera mover un músculo. El ventanal empañado le ofrece una visión absurda y surrealista de la calle, aquella que conoce hace más de veinte años, pero que no frecuenta ya. Con el cuerpo inclinado sobre su hombro derecho, por momentos se babea y no repara en ello, pero la enfermera aparece de tanto en tanto para acomodarlo y limpiarle el rostro, porque entre la saliva y las lágrimas se ve un poco más patético. 

Gabriel yace postrado en una silla y nadie sabe en qué piensa cuando se ausenta, perdido en sus memorias, ya sin voz y quizás con llanto. No puede hablar ni mover las extremidades, pues depende siempre de alguien a su cuidado. Durante el día una enfermera le atiende, cuidando que al menos coma, y estando siempre lista para cuando hubiera hacer sus necesidades fisiológicas allí sentado. Por las tardes hace el relevo Miriam, quien fuera su mujer desde hace por lo menos quince años. Ella no tiene paciencia y al llegar demora a la enfermera todo el tiempo que sea necesario con tal de no tener que hacer nada más que llevarlo a la cama para dormir, así sin más, quedándose con algo de tiempo para sus cosas; siempre trasnochando.

Por las mañanas sucede lo mismo. Ella se levanta y hace sus cosas mientras espera que llegue la enfermera y se ocupe de Gabriel. No es capaz ni de llevarlo consigo a la cocina y tomar juntos el desayuno. Ella todo lo hace sola, no cuenta para nada con él. Pareciera culparlo de la vida que ella lleva, sintiéndose también postrada de alguna manera. Siempre encerrada entra la oficina y su casa, sin poder socializar como le gustaría. Muchas noches lo regaña, de camino al cuarto, haciéndole saber que su amargura es culpa de Gabriel. Pero él no puede reaccionar, y sólo deja caer alguna lágrima, que deberá evaporarse sola o ser absorbida, pues no habrá dedo ni mano que en gesto de consuelo se la enjugue. 

Pero hubo una mañana que fue diferente, una de esas que no sucedían hacía por lo menos diez años. En realidad Gabriel ya había notado la diferencia la noche anterior cuando Miriam le pidió a la enfermera que se fuera, para poder ocuparse ella misma de todo. Lo primero que hizo fue ayudarlo a cambiarse la ropa. Lo vistió con lo mejor que tenía él en el guardarropa. Le puso unos zapatos de color negro, que se los lustró para que brillen como nunca antes. Le hizo un peinado para el cual se tomó al menos media hora, pues Gabriel llevaba tiempo sin emprolijarse el pelo. Y luego se vistió ella, mientras Gabriel la esperaba en la cocina, sentado ya a la mesa; los ojos le brillaban y casi sonreía. Miriam se apareció de punta en blanco, con un vestido negro muy pegado al cuerpo, unos zapatos de tacos muy largos y un maquillaje muy sensual. Entró en la cocina lentamente, y lo miraba fijo, mientras se mordía los labios con cierto erotismo. Pasó por detrás de Gabriel y le acarició el rostro, luego se acercó a su oído y le dio un pequeño mordisco, como preparándolo para una noche en la que recordaría, después de tanto tiempo, lo que era una erección. Y Gabriel la tuvo en ese mismo instante, de hecho. 
Sirvió la comida y lo alimentó, compartieron el mismo plato, bocado a bocado y cuando ya no hubo más, ella recogió todo y lo llevó lentamente hacia el cuarto, taconeando paso a paso, generando un climax perfecto.
Lo tiró como pudo sobre la cama, le quitó la ropa y luego hizo ella lo mismo con la suya, pero lentamente, observándolo con sensualidad, mientras él quieto, boca arriba, sudaba y la miraba. Miriam se subió a la cama de un salto, y se sentó encima de su pelvis. Le hizo unas cuantas caricias, mientras le bailaba sensualmente al mover sus caderas. Apagó ella la luz, y Gabriel que llevaba años sin hablar, recordó que tenía aún las cuerdas vocales, pues gimió como hacía tiempo no lograba hacerlo; hasta juraría que pudo moverse.

Amaneció y Miriam se levantó, como siempre, a la misma hora, pero esta vez preparó un desayuno para dos. Se hizo cargo de Gabriel y lo acercó a la cocina para que degustara lo que había preparado. Un desayuno completo, de esos que ni ella sospechaba que era capaz de preparar. Lo alimentó, y sobre todo le dio de beber Té, al menos dos tazas bebió esa mañana, casi seguidas. Por momentos Gabriel se sentía un poco fastidioso, pues suele beber café y apenas una taza le alcanza. También se sentía lleno, pues Miriam lo había alimentado con cosas muy pesadas, y en cantidad. La enfermera ya debía haber llegado, pero no lo hizo. Todo hacía pensar que Miriam había planeado quedarse a solas con él, y al menos demorar a la enfermera unas horas.
Cuando terminaron de desayunar, Miriam lo llevó a Gabriel a su ventanal favorito, lo dejó allí solo junto a una pequeña mesa en la que había una taza de porcelana con café. Sólo eso, no había más. Se preparó para salir, aunque esta vez lo hacía más tarde, y antes de dejar la casa se acercó y lo besó en la frente. Fue un beso frío, que se mezcló con el sudor también fresco de Gabriel. Se alejó lentamente, de camino a la puerta, pero sus pasos no eran coherentes, y antes de llegar a la puerta tropezó y cayó desplomada al suelo. Casi al unísono, se escuchó detrás de Miriam el  ruido de la taza y la mesa golpeando el suelo, por el peso muerto de Gabriel que cayó repentinamente, dando de bruces también en el mismo suelo.

Si normalmente la enfermera llegaba a las nueve de la mañana, ese día lo hizo por lo menos a las once. Al abrir la puerta encontró el peor de los escenarios, donde el suicidio pasional era la mejor hipótesis. Desesperada llamó a la policía, y mientras esperaba, recorrió la casa sin salir del asombro y el miedo. Se sorprendió al ver la cantidad de comida que había, las tazas de Té, las marcas de rush rojo en una copa aún sin lavar y todo un desorden que no era normal. Se acercó a la nevera y vio que había una nota con la letra de Miriam que decía algo así como: Disculpa el desorden, no hice a tiempo de recoger. De todos modos, no volverá a suceder. Un beso, Miriam. 

Y el beso era literal, con la marca de rush en el papel. 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

El Instante

- Mami, ¿Qué es un “instante”?

- Algo así como un momento.

- Y si son lo mismo, ¿Porqué existen los dos?

- Bueno, digamos que un instante dura sólo un momento. Un día, por ejemplo, es una sucesión de momentos.

- ¿Y los hay buenos y malos?

- Pues sí, como todo hijo, como todo.

- Cuando tú dices que tienes un mal día, ¿Es porque has tenido malos momentos?

- Claro, aunque a veces sólo basta con uno solo.

- Pero el día es mucho más largo que un momento, y después del malo puede venir otro bueno y así. ¿Porqué es que al final se te arruina el día?

- Pues por eso mismo, por vivir en el momento y no en el día.

- No entiendo.

- Ni yo hijo, ni yo lo entiendo.

domingo, 12 de mayo de 2013

Lágrimas de plata


Ella sabe de lágrimas y decepciones, es verdad. Yo también sé que puedo ser su hombro, aplastando su mejilla, enjugando sus lágrimas y besando su frente. Puedo inclusive cerrar mis brazos como pinzas, que aprietan fuerte los suyos y exprimen miserias, dejando caer gemidos, deseando que todo pase, queriendo ser el remedio, de forma que mi pálido rostro pudiera darle placer, y entonces frenaría instantaneamente para mirarme con deseo. Quizá probaría morderme el cuello con dulzura para luego subir despacio y terminar bebiendo juntos de la sal sobre mis labios. 

Pero no, en cambio la miro absorto, y hago una pose que pudiera interpretarse como la de quien escucha y presta atención, me presumo relajado para no levantar sospecha de aquello que no se ve; la procesión es por dentro. Entonces hizo un chasquido con la lengua y se mordió el labio inferior, se levantó de la silla y caminó hacia mí con una sonrisa cómplice. Sentada a mi lado me apretó bien fuerte, me besó la frente y enjugó mis lágrimas, haciéndome sentir muy obvio, también estúpido. No dijo palabra alguna, sobraban los detalles, y las declaraciones no tenían cabida. Dormimos juntos entre pinzas, sal, decepciones y tristezas desordenadas. Yo, afortunadamente, desperté de nuevo en mi pasado, la pesadilla había acabado, y ella quién sabe dónde -todavía la estoy buscando- ni siquiera pude saber con exactitud cuánto tiempo estuvo aquí, pero fue lo suficiente como para demoler mis defensas, dejarme inútil. Me dio una lección silenciosa y me devolvió la duda, el deseo desesperado de encontrarme libre, de ser un buen anfitrión en la antesala de mi porvenir aunque éste llegue vacío o resulte incomprensible. Sólo puedo desearte suerte, que tus nuevos aires de plata sean cromos en sonrisas, y por favor, no te engañes queriendo buscar suerte donde cabe sólo razonar y ver despierto cuan imprudente fue ese hombre con tus vísceras a flor de labio, que recorren ahora kilómetros de amor para sanar sus incongruencias. Pero, me pregunto, ¿Quién te ha visto desparramada aunque de pie y te atendió en silencio, sin preguntar nada, queriéndote sólo a la distancia de un paso, de un grito, de un llanto?, sólo yo y mis más sinceras fantasías. 

Dedicado a dos posibles almas en algún rincón de la ciudad de La Plata, que quizá, acaben existiendo cuando ponga aquí el punto final.


Madrid - 24/09/2012
G.LR

domingo, 30 de septiembre de 2012

¡Mis serias dudas!




Preciso mantener en silencio mis dudas, no vaya a ser cosa que un viento fuerte las sacuda y terminen por convertirse en miedos, para que después cuando grandes e imponentes me empujen al fracaso.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Bocanas y suspiros





Mi fe y la suerte en el amor, duran lo mismo que un suspiro, pero lo hacen con absoluta convicción. Son tibias bocanadas de aire sin aliento que regurgitan temores y condicionan mi ser; a lo mejor esto sí que me preocupa, aunque debo admitir que me atormenta.


martes, 8 de noviembre de 2011

Sé Feliz y que no duela


Y no olvides nunca que no todo lo que has visto es realmente lo que hay para ver, esta vida aun te oculta cosas, o más bien tu egoísmo lo hace.

Alguna vez sentirás que el hambre te susurra en el estomago, y que sin remedio deberás imaginar que solo es música, música que duele pero que hay que disfrutar porque nadie, como tú lo has hecho, te ayudara.

El cielo, corazón, nadie lo ha comprado, pero al menos debes creer en el amor, ya que será lo único parecido a la felicidad.

Un día cuando de llorar te canses, cuando de reír te duela la cara, cuando de ignorar te lastimes la conciencia, un día cuando pienses que sin razonar puedas crear algo fabuloso basándote en lo material, sin un solo rasgo de divinidad o bondad, sin expresar compasión alguna y sin regalarle al viento ni una confesión. Será el momento entonces de abrir el pecho, cerrar la mente y entregar el alma. Veras que el cielo se abrirá cesando la tormenta, iluminando tu ser, doblegando las apuestas por vos y haciendo enterar a todos que renace un cuerpo, que ahora ve todo, que ahora siente hasta el dolor ajeno, que razona antes de pensar, que ignora solo el mal, que crea fabulosos sueños dando lugar a nuevas motivaciones y eso, solo eso, te dará motivos para sentirte libre.

Y no olvides nunca mirar a tu alrededor y ver que no estas solo, alguien puede querer abrazarte y tomar tus pensamientos más claros, porque no todos sabemos el camino y es por eso que debemos atender a quien nos quiere amar, cuidar, consolar o simplemente escuchar, Es ahí donde comienza la vida a ser vivida para dejar la supervivencia.


Luego de escribir ésto, que hasta el momento no era mas que un sentimiento volcado en un papel como desahogo, sucedió algo tan maravilloso como inesperado que puso a prueba mi ser obligándome a demostrar mis mas profundos sentimientos; debí enfrentarme a tres niños hambrientos y deseosos de encontrar en mi un amigo, un compañero que por un rato los hiciera felices sin pedir nada a cambio y sin hacerles sentir que llegar a ser feliz algunas veces duele, cuando se acercaron les hice ver que no es delito pedir cuando no se tiene y que basta con tener el corazón abierto y la conciencia tranquila, llenos de esperanza y seguros de nosotros mismos, sonriendo cuando el sol nos quema y cantando alegremente cuando la lluvia nos acaricia; entendieron que nunca se escapa un sueño, por mas lejos que parezca, porque todo lo que hacemos día a día es por él. Como ven finalmente esos tres angelitos encontraron todo lo que buscaban y algo mas; juntos entendimos que aun hay gente que quiere un mundo mejor y mas justo…

Parece que éste mundo no ha guardado un lugar seguro para vos”
Escrito en Río Grande – Tierra del Fuego a orillas del Mar” 16/10/2005